PAXAPOGA, UNA HISTORIA DE AMOR

 

EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

 

 

Buenos días estimados lectores. Hay historias que no se pueden comprender, sino se recorre el camino inverso, que conduce al origen de ésas historias, y la de hoy, es una de ellas.

 

 

Que son imposibles de entender, si se intenta contarlas solamente con palabras. Trasmitirles con conceptos, o comunicarlas sin emoción.

 

 

Si alguna vez, en los últimos cuarenta y cinco años, visitaron Pinamar y Cariló. O en la última década la ciudad de Buenos Aires, se habrán encontrado con ella, sin saberlo.

 

 

O mejor dicho, con otra historia, que nuestros protagonistas y sus descendientes, protagonizaron y protagonizan, en otra tierra, muy diferente a la que los vio nacer.

 

 

Antonio y Tina, se conocieron cuando eran dos  “guaḥes”, que seguramente habrán leído como “guaje”, escrito de manera incorrecta, por no usar la lengua natal del pueblu d’asturies, el bable,  y es una palabra que se usa para nombrar, a los niños y adolescentes asturianos.

 

 

Habían nacido en la España Verde, herederos del indómito espíritu de los pueblos del norte. Crecieron en medio de los horrores de la Guerra Civil Española. Y se encontraron, en los caminos milenarios que existen entre los valles y las montañas, de la llamada ruta de la resistencia.

 

 

Cuando llegaron a Pinamar, en 1977, decidieron sin dudar, que ese era el lugar para construir un sueño largamente soñado. No porque fueran unos visionarios, que se imaginaron los que sería esa playa y el bosque de Cariló, en nuestros días.

 

 

Eran dos peregrinos indianos, que habían encontrado el camino de vuelta a su hogar, sin haber podido volver, en una tierra nueva, simplemente dejándose guiar por su inteligencia emocional.

 

 

Por eso, queridos lectores, para entender esta historia, es fundamental que observen los videos que incluimos en esta nota.

 

LA HISTORIA DE PINAMAR

 

 

Nuestra historia jamás hubiese ocurrido, sin otro sueño, el de Jorge Bunge, ni tampoco si a fines de la década de 1920, el ferrocarril hubiese llegado hasta el balneario de Claromecó, algo que nunca sucedió.

 

Jorge y Cecilia Bunge junto a Valeria Guerrero

 

Claromecó era la ubicación elegida originalmente, pero el tren de Madariaga, llegaba hasta esas playas, al norte de Mar del Plata, donde desde sus médanos, se extraía arena.

 

 

En aquel lugar de arenas infinitas, con el mar como único testigo, Bunge delineó las bases de una ciudad turística, con planificación y con conceptos estilísticos únicos, basados en su idea de que había que construir respetando la topografía del lugar.

 

 

Fue  el primer urbanista argentino, que con una beca, estudió en Alemania, las carreras de arquitectura y urbanismo, y después regresó, para aplicar todos sus conocimientos, y hacer realidad su sueño,  a mediados de la década de 1930, con la ayuda de Victoria Guerrero.

Pero ya es tiempo de regresar a las minas de carbón en Asturias.

 

LA HISTORIA DE PAXAPONGA

 

 

En 1944, Antonio Riesco, un joven minero del carbón, oriundo de Riotorno, tras una dura jornada en la mina, concurrió a la Casa Menéndez, donde servían el almuerzo.

 

Riotorno se mantiene igual, que hace 70 años

 

La única hija de la casa, Florentina Menéndez, Tina, ayudaba a su madre, a preparar la comida de cientos de mineros, en Cerredo. Y allí, mientras Antonio, comía la comida que preparaba Tina, se vieron por primera vez.

 

 

España atravesaba la época de la posguerra civil, y los caminos de la montaña, eran los senderos que se usaban para comunicarse.

 

 

Entre Riotorno,  y Cerredo, hay una distancia de 28 km. En la montaña había un camino, que unía ambas localidades. Casi en el punto intermedio, existía una taberna que servía de paso a la gente que transitaba por el monte, que se llamaba “Pasapoga” y debía su nombre a los cuatro apellidos de la familia de sus propietarios: Paredes, Salas, Ponce, y  Gallo.

 

 

Ellos estaban enamorados del lugar, y soñaban con tener su propio negocio, similar a esta taberna. Sabían que podrían aprovechar los conocimientos gastronómicos de Tina, y la voluntad y fuerza de trabajo de Antonio. Pero aún no era su tiempo.

Luego de casarse,  a la edad de 20 años, decidieron alquilar una cantina en Cerredo, y abrir las puertas de su primer emprendimiento gastronómico.

 

 

Todo parecía encaminarse para una vida de trabajo,  lejos del sueño que habían acunado en los senderos de la montaña, hasta que un día recibieron una carta, de un tío que estaba en Buenos Aires, invitándolos a la ciudad, y decidieron marchar, dejando atrás la cantina, y el trabajo en la mina de Antonio.

Y partieron como tantos asturianos, en búsqueda del “sueño americano”, en un barco, con Tony, su primer hijo, que en ese entonces tenía tres años.

En la Capital Federal, Antonio, comenzó a trabajar de lavacopas, en bares del microcentro porteño. Por más de 20 años viven en esa ciudad, y allí nace Angélica, su segunda hija.

 

 

Recién en el año 1977 conocen Pinamar, y luego de sentir, que  aquel era “su” lugar en el mundo,  abren un restaurante, en una de las esquinas de la ciudad, que en ese entonces era un pueblo, de cinco mil habitantes.

 

 

La esquina, se convertiría en la más importante, de la localidad, con el correr de los años. Y Pinamar, en el destino final de su viaje, y en la estación, donde decidieron quedarse para siempre.

 

 

El nombre “Paxapoga”, que eligieron para el restaurante, evoca aquella taberna en el medio del sendero, donde más de veinte años atrás habían soñado con él.

 

 

Colocaron una “X”, en lugar de la “S”, por ser una letra común en el lenguaje tradicional asturiano, y para que sonara fonéticamente, como la palabra “puxa”, que es el grito de aliento: “Puxa Asturies”, desde el siglo VIII, cuando las fuerzas de Pelayo, detuvieron a las tropas árabes en la batalla de Cangas del Onis.

 

Pelayo, rey de los astures

 

LA HISTORIA OFICIAL

 

 

Lo que sigue, queridos lectores, es la historia oficial de Paxapoga, que pueden encontrar en decenas de publicaciones:

 

 

Desde su inauguración, no ha dejado de crecer. Se incorporó un salón más, en 1989, y el tercer salón en el año 1992. Para ese entonces, Paxapoga, ya era uno de los mayores restaurantes de la costa contando, con capacidad para 400 cubiertos.

 

 

Finalmente en 1995 se realizaron las últimas obras que ampliaron su capacidad para 500 cubiertos.

 

 

En 2009 abren el segundo local, Paxapoga del Mar, a tres cuadras de distancia junto a sus nietos.

 

 

En 2012 se inaugura, “Paxapoga del Bosque Cariló”, y en 2019 “Paxapoga del Centro Cangas del Narcea”, en Palermo.

 

 

NUESTRA DEDICATORIA

 

 

Esta nota, amables lectores, está dedicada a las familias de inmigrantes, que eligieron, y eligen, la gastronomía como oficio.

 

 

El lenguaje de las ollas y las sartenes, es un lenguaje universal.

 

 

Cuando Tina y Antonio llegaron a Pinamar, se enamoraron, una vez más, como aquel día en Casa Menéndez, donde se conocieron.

 

 

Muy lejos de sus montañas, sus valles y sus costas, habían hallado otro lugar, en el que los bosques, y el mar, les recordaban los sonidos, los olores y los sabores, de la España Verde. Y fueron felices, trabajando junto a su familia, el resto de sus vidas

 

 

Antonio Riesco, falleció en 2017, y Tina en 2021, a la edad de 95 años.

 

 

Sus hijos, nietos y bisnietos, continúan con su legado.

 

 

Este testimonio de Alejandro Vilar, su nieto, es prueba cabal, de ese legado.

 

 

 

Emilio R. Moya

Fuentes: citadas y enlazadas en la nota

 

 

 

Oscar Tarrío

Director Periodístico Chefs 4 Estaciones en Chefs 4 Estaciones / Ex Editorial Diario La Capital

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